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Bueno, como hace un montón de tiempo que no cuelgo nada aquí, y realmente lo que he colgado hasta ahora no parece tener un mínimo de calidad aceptable, y como mi blog no parece ser merecedor de ocupar espacio en Internet, he decidido... que lo dejo. Que me voy. Que no escribo más. Adiós.
¿Los motivos? Pues básicamente lo que he comentado anteriormente. Que no escribo nada, que lo poco que escribo no merece la pena, y que nadie lo lee.
No es cuestión de que haya caído en una depresión, ni tengo intención de cortarme las venas, es solo que he caído en la cuenta de que es mejor que sea realista y cierre el chiringuito antes de que alguien me lo diga directamente en la cara y me saque los colores.
Así es que...
Así es que nada. ¡Que era broma!, ¡que no lo dejo!
Lo que pasa es que he pensado que todo el mundo hace el paripé de vez en cuando diciendo que lo dejan. Muchos bloggers dicen que cierran, que se van, pero luego vuelven triunfantes otorgándonos al resto de los mortales el enorme privilegio de seguir disfrutando de sus magnos escritos.
Bueno, pues yo ya lo he hecho, y sin dar tanto por culo. En lo que se tarda en escribir un post lo he dejado y he vuelto. Yo ya he cumplido.