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Recuerdo la escena como si hubiera pasado ayer mismo, aunque habrán pasado unos dieciocho años, más o menos:
Estábamos cinco personas metidas en el salón de un minúsculo piso habilitado como oficinas de una pequeña empresa de programación en la que yo era el más novato. Se abrió la puerta, entró el jefe con una caja en las manos y la dejó encima de la mesa.
Entonces nos anunció muy ufano: “Sres. esto es el Xenix, ¿quién se lo queda?
Miré la caja con curiosidad. Era de color gris, y tenía un gran logotipo amarillo con unas misteriosas letras que rezaban “SCO”. Leí la letra pequeña y averigüe que significaba “Santa Cruz Operation”.
Entonces miré a mi derecha. Y miré a mi izquierda. Y los cuatro programadores que dos segundos atrás estaban conmigo habían desaparecido como por arte de magia. Se habían esfumado. El jefe me miró y me dijo: “Bueno, pues tu mismo, venga”.
“Pues bueno, pues vale” – pensé yo, que siempre he sido muy atrevido para estas cosas- mientras abría la caja y me encontraba con dos manuales-ladrillo (en inglés, claro) y un montón de floppies de 5 y cuarto.
Tuve que instalar el Xenix y el compilador RMCobol en un 286 Olivetti y pelearme con ellos a hostia limpia para configurarlos correctamente, pero conseguí que los programas que teníamos hechos en Cobol y que hasta entonces corrían sobre MSDOS funcionaran sobre Xenix como un tiro. Aquello terminó gustándome de verdad.
Un par de años mas tarde -ya trabajando en otra empresa- conocí al Brujo. Al Mago. Al Rey de la Informática, así, en mayúsculas.
El Brujo era un bohemio. También era un poco raro a veces, pero era un buen tío. Era de los que no abundan en este mundo de egos hinchados. Era de los que saben mucho y, aun sabiendo que saben mucho, no les importa tirarse horas y más horas explicando cosas para que los demás intenten saber tanto como él, en lugar de guardarse sus conocimientos para seguir siendo el mejor.
Una de las especialidades del Brujo era Unix. Los que más sabían de Unix en todo el mundo eran Thompson y Ritchie, sus creadores. Después venía el Brujo.
Su otra especialidad era C. Cuando el Brujo escribía una línea pensaba en la corriente eléctrica que iba a entrar por una pata de un chip y lo que iba a provocar antes de que saliera por otra. Impresionante de verdad.
Yo era el pequeño saltamontes, ávido de conocimientos sobre un sistema que cada vez me tenia más entusiasmado, y él era el Maestro que se pasaba toda la tarde enseñándome a programar un driver para Unix en C sin romper nada. Gracias por tanta paciencia, Joan, tienes el cielo ganado.
Otro salto en el tiempo. Nos vamos a la época de Infovia, del 055 y de los módems a 28,8 y 33,6. Yo estaba trabajando con un americano medio loco al que se le metió en la cabeza montar un servidor de acceso a Internet. El caso es que el americano convenció a unos cuantos individuos para que pusieran dinero y se fue a comprar lo más caro que encontró; Un servidor Sun Microsystems con su correspondiente Solaris.
El ordenador venia empaquetado en un palet como si fuera un cargamento de ladrillos. Cuando conseguimos ponerlo encima de la mesa y encenderlo, mi jefe me miró con suficiencia y se sentó al teclado.
Cuando apareció el prompt de root escribió “DIR”. Cuando apareció el error, yo escribí “ls –l”, y entonces me convertí automáticamente en el administrador del ISP.
Dos años pasé allí como único responsable del cotarro. Y allí no tenía al Brujo ni a nadie, aunque sí tenia Internet, claro, y sobre todo tenia los grupos de noticias de Usenet.
Aprendí rápido, pero a base de palos. Configurar y más configurar. Que si el Netscape, que si el sendmail, que si el Bind, que si el Radius. El Cisco, el Cortafuegos. Que si la seguridad.
Una vez un hijoputa me puso el ordenador al borde del colapso porque usaba mi servidor de correo para enviar millones de mensajes basura. Otra vez se me colaron por el puerto del telnet, que no sé que cojones hacia abierto. Otro pavo se pasó semanas intentando que el Radius lo autentificara por la cara. Luego intento hacerse cliente y eligió el mismo nombre de usuario que había estado usando cuando iba de ilegal, el muy capullo.
En fin, unos años más dedicados a Unix, haciendo que cada vez me gustara más y más. Luego he estado programando y casi no he tocado un servidor, pero hace unos tres años –cuando más mono tenia de Unix- me he encontrado con Linux (un poco tarde, ya lo sé)
Red Hat 7, SuSE 8, Debian, Mandrake, todo un paseo por distintas distribuciones. Unas mejores y otras no tanto, pero todas funcionan. Ahora tengo una Ubuntu en el portátil y la SuSE 9.3 en el sobremesa, y van de vicio.
Y esta es mi historia con los Unix, Linux y similares, sobre los que no me considero un gurú, aunque sí puedo decir que tengo bastante experiencia.
Mientras tanto, desde aquella época en que mi ex jefe trajo el Xenix al piso-oficina, he pasado por MSDOS de la 2.11 en adelante, y por Windows desde la 286 (que sí, que existía un Windows 286), la 3.0, la 3.1, etc., hasta el NT, 2000 y XP.
Ahora si alguien no lo tiene claro y quiere que le explique por qué es mejor usar Linux que Windows, que me lo diga y le haré un dibujo.