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Sábado, seis de la mañana.
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
Me levanto de la cama y me asomo a la ventana a ver qué pasa. Un 206 tuneao pasa por la calle con el loro a toda hostia. El chaval que lo pilota lleva el pelo al estilo cenicero y vuelve de marcha. Probablemente nadie le ha comentado que a esas horas la mayoría de la gente está durmiendo.
¡Baila morena! ¡Baila morena! ¡Perreo p’a los nenes, perreo p’a las nenas!
Sábado, ocho de la mañana.
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
Me despierto por segunda vez. Me levanto y me dirijo a la cocina a beber agua. Salgo al pasillo de casa como un zombie, y de una de las habitaciones sale la voz de un individuo cantando algo como:
¡Pobre diablaaaa! ¡Se dice que se te ha visto por la calle vagaaaando...!
Me seco el lagrimón que rueda por mi mejilla y sigo mi camino.
Sábado, diez y cuarto de la mañana.
Me levanto por tercera vez. Estoy en la habitación del ordenador, intentando concentrarme en una clase de Java.
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
De la otra habitación sale la estridente voz de alguien pidiendo insistentemente...
¡Dame la gasoliiinaaaa! ¡Quiero la gasoliiinaaaaa! ¡Dame la gasoliiinaaaaa!
Cierro la puerta, subo el volumen de los altavoces y le doy al replay porque la pidona se ha llevado por delante a la concentración y a Jimmy Page en la intro de Stairway to Heaven.
Sábado, dos y cuarto de la tarde.
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
En la tele: ¡Compra el Perreo p’a ti! ¡Ya a la venta! ¡Perreo p’a ti! ¡Cómpralo!
La preadolescente que esta sentada a mi lado comiendo se gira en mi dirección y me dice:
¡Yo lo quiero! ¡Bájamelo! ¡Bájamelo! ¡Bájamelo! ¿Me lo vas a bajar porfi?
¿Me lo vas a bajar? ¿Me lo vas a bajar? ¿Sí? ¿Sí? ¿Sí? ¡Bájamelo! ¡Bájamelo! ¡Bájamelo!
Le digo que no puedo, porque es ilegal. Evidentemente no me hace ni caso. Le digo que no puedo, porque según qué tipo de cosas hacen interferencias en la red inalámbrica. Evidentemente no se lo cree. Le digo que... que bueno, que se lo bajaré (algún día tengo que aprender a decir que no a lo que me perjudica, como el tabaco)
Sábado, cinco menos cuarto de la tarde.
Mi chaval entra corriendo en la habitación, tropieza con la mesa y cae sobre mí. Antes de que pueda defenderme me encasqueta en las orejas los auriculares del mp3 hasta el tímpano.
¡Escucha esto, papa, escucha esto! – Me dice mientras le da al play...
¡¡¡¡Brrrrrooooooouuuuuummmmmiiiiiiiaaaaaaooooooooooo!!!!
Siento como si un Jumbo 737 estuviera despegando justo encima de mi cabeza.
¿Qué ruido es este? – le pregunto elevando la voz unos cuantos decibelios por encima del umbral del dolor para poder oírme a mí mismo - ¿Ya te has cargado el mp3, tío?
¡No, hombre, es DJ DaRkWaDeR! ¿Te gusta? ¿A que mola la música DJ? – me dice entusiasmado.
¡Chhstt pum! ¡chhstt pum! Chhstt pum! ¡pum pum! ¡Chhstt pum! ¡chhstt pum! Chhstt pum! ¡¡PUM PUM PUM!!
¿Que mola dices? ¡Yo tenía un 127 hace muchos años al que el embrague le sonaba igual!
¿Qué sabrás tú de música? - Me dice mientras me quita los auriculares dándole un tirón al cable y sale de la habitación indignado. Yo tengo que subir el volumen de los altavoces de nuevo, aunque no vuelvo a oír a los Led Zeppelin con normalidad hasta pasados unos veinte minutos.
Sábado, siete de la tarde.
El Perreo p’a ti ha terminado de bajar. Lo grabo en un CD, le escribo con rotulador: “Respeta a los demás, No lo utilices como arma acústica” y se lo doy a Laura, la preadolescente.
Sábado, siete y cinco de la tarde.
Cinco minutos más tarde, se oye desde el salón:
Tum Tachum Ta Chum Tachum Ta Chum Tachum Ta Chum Tachum Ta Chum Pausa... Tum Tachum Ta Chum Tachum Ta Chum
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum! Pausa... ¡Tum! Tachum Ta ¡Chum! Tachum Ta ¡Chum!
!!Dame gasoliiiiinaaaaa!!
Sábado, diez y media de la noche.
Después de cenar, me dedico a buscarle las cosquillas a Laura y a mi chaval -éste en plena adolescencia- con el tema de la música. Les hablo del blues, del rock, del heavy, de John Lee Hooker, de los Beatles, de Deep Purple, de Eric Clapton, de Jethro Tull, de Steve Vai...
Pero es para nada, no me hacen ni puto caso.
Me desespero y les digo: Así es que no se os puede sacar de la música DJ y del regetton (o regeton, o regaeton, o como se llame) ¿no?
¡Claro! -contesta mi chaval- esto es lo que hay ahora. Tú lo que pasa es que eres un antiguo.
Dudo entre darle una colleja o contestarle. Opto por lo segundo: No, amigo, no. Lo que pasa es que yo sé distinguir la buena música de una moda que os están inculcando desde la tele o de un tío que enchufa una caja de ritmos a piñón y se pone a rayar discos.
A lo que Laura responde: Claro, y cuando tú eras joven...
-¡que ya hace tiempo!- la interrumpe el traidor de mi chaval.
...a ti te gustaba el rock ese que tu oyes, pero a tus padres no, ¿verdad? y seguro que tampoco te entendían...
Y entonces recuerdo un disco. Uno en concreto.
Y doy un salto hacia atrás en el tiempo de algo más de treinta años.
Y me veo en la habitación de mi tío admirando la portada del mismo disco que yo llevaba intentando oír todo el día, el IV de Led Zeppelin. Mi tío se lo acababa de comprar y yo sólo era un mocoso que le gritaba:
¡Yo lo quiero! ¡Pónmelo! ¡Pónmelo! ¡Pónmelo! ¿Me lo vas a Poner?
¿Me lo vas a poner? ¿Me lo vas a poner? ¿Sí? ¿Sí? ¿Sí? ¡Ponlo! ¡Ponlo! ¡Ponlo!
Y recuerdo –algunos años más tarde- los gritos que me daba mi padre desde el salón: ¡Baja esa música de melenudos, que te vas a volver loco!
Y recuerdo a mi madre en la cocina dándole más volumen a una cinta de casette de Nat King Cole porque de la ventana de mi habitación salía una guitarra distorsionada que no le dejaba oír Ansiedad.
Y recuerdo a los dos mirándome con cara de espanto al sorprenderme imitando a un australiano loco, que vestido de colegial se revolcaba por el suelo de una tele en blanco y negro mientras aporreaba una Gibson SG.
Y me recuerdo, años después, escalando paranoicamente, yo solo en Montserrat, con un walkman inspirándome con el Dark Side of the Moon de Pink Floyd.
Y vuelvo al 2005. Y ya no digo nada más. Me vuelvo a la habitación del ordenador pensando que sí, que mi chaval tiene razón. Ha pasado mucho tiempo desde que soy joven.
Así que arranco el winamp y subo el volumen de los altavoces por tercera vez, cojo la guitarra, enciendo el ampli y digo con nostalgia: ¡Vamos a tocar, Jimmy!

Me encantaría tener un padre como tu. Mi papá solo se quedo atorado en los Beatles, Pink Floyd, El TRI y Jimmy Hendrix.
Siempre es bueno tener más influencias musicales.
Te sirve como consuelo saber, que al menos tus hijos no son un porducto de la Mercadotecnía POP (me refiero a Thalía o Britney). Al menos el gusto del reggae cambia constantemente.
Comentario de Diabliz el el 08/02 a las 15:26
bueno soy un chaval de pamplona y me tengo en mi casa un eipo profesional de musica...y aparte soy aficionado a pinchar...el caso eske tengo una vecina que sube cada dos por tres a decirme que baje la musica porque esta muy alta y mi pregunta era a cuantos decibelios esta permitido tener el equipo de musica o a cuantos le deben sonar en su casa de acuerdo con la legislacion de la comunidad foral de navarra que me imagino que sera bajo la cual se rigen las normas.venga muchas gracias.adios
Comentario de fco javier gutierrez el el 08/21 a las 19:35
Hola Fco Javier. El limite esta en 65 durante el dia y 55 durante la noche segun:
http://revista.consumer.es/web/es/20030401/pdf/inf...
Un saludo y gracias por la visita.
Aboreh
Comentario de Aboreh el el 08/24 a las 23:48