Recuerdo una imagen fechada muchos años atrás, en mi niñez. Recuerdo a mi madre vistiéndome de domingo para ir al cementerio a visitar el nicho donde mi abuela materna descansa eternamente. Recuerdo que algunos años habíamos ido en coche y otros en autobús, y recuerdo que el primer día de noviembre siempre amanecía gris, triste y nublado, al igual que los rostros de cientos de personas que cruzaban la entrada de aquel cementerio con unas flores en la mano para visitar la tumba de sus seres queridos.
Con los años, otros familiares han ido ocupando su último lugar en ese nicho familiar; mi tío, mi tía, mi abuelo, y finalmente mi madre el año pasado. Creo que desde que era un niño solamente he vuelto a pisar el cementerio en estas cuatro tristes ocasiones, y desde luego no he vuelto a acudir en un primero de noviembre desde aquellos lejanos años.
Pero hay mucha gente que sigue haciéndolo. Gente que se levanta temprano para ir a comprar flores y para evitar las aglomeraciones cada vez más escasas en la parada del autobús. Gente que sigue teniendo fe en acudir cada día de todos los santos al cementerio a rezar un padrenuestro por el alma de sus difuntos.
Y yo eso lo respeto. Aunque yo no crea en el alma, ni en Dios, ni en la resurrección eterna, ni en los padrenuestros. Lo respeto aunque crea que el homenaje hay que hacérselo a las personas cuando viven y no cuando ya no están, aunque crea que no sirve de nada visitar una tumba, ni llorar delante de ella, ni dejarle flores al difunto. Lo respeto aunque crea que cuando alguien muere, no queda nada. En ningún sitio, ni en la tierra, ni en el cielo, ni en el infierno. Solamente nos queda su recuerdo, el cariño y el amor que nos dieron, y –en algunos casos- la marca que dejaron en nuestra personalidad.
Como he dicho, respeto profundamente a todas esas personas y a sus creencias.
Pero lo que no me merece el más mínimo respeto (y de hecho aborrezco) es una sociedad consumista e hipócrita que permite que importemos una payasada más de los EE.UU.
Escribo esto un primero de noviembre. Hoy no he ido al cementerio, entre otros motivos porque este día no significa nada especial para mí. Pero a mi puerta, como a la de muchas otras personas, llamaron anoche decenas de niños disfrazados de brujas y de fantasmas que pedían caramelos al grito de “truco o trato”. En la calle, niños y no tan niños se entretenían haciendo explotar petardos, y la algarabía duró hasta muy entrada la noche.

¿Qué es esto? ¿De donde sale esta moda que no tiene nada que ver con nosotros? ¿Por qué en cuestión de pocos años el 31 de octubre no es la víspera del día de Todos los Santos sino Halloween? ¿Alguien sabe lo que significa Halloween, o de donde proviene esa costumbre americana? ¿Que será lo siguiente, rellenar un pavo el día de acción de gracias?
Tal vez alguien me tache de conservador, o de retrogrado, o de reaccionario, pero me da exactamente igual, sinceramente. Lo único que hago es criticar la imposición de una costumbre con la nunca hemos tenido nada que ver y con la que no nos identificamos, pero como es una ocasión mas de fiesta y de vender disfraces y caramelos, pues bienvenida sea.