Leo en
esta noticia que en el Vaticano una Comisión Teológica Internacional (en adelante C.T.I.) está reflexionando sobre el cambio de la suerte de los niños que fallecen antes de ser bautizados.
Actualmente la fe nos dicta que estos niños van al Limbo. El Limbo es un lugar sin tormentos (y deduzco que sin grandes alardes de bienestar), pero alejado de Dios, al que solamente acceden los infantes fallecidos que no han recibido el bautismo y que tampoco hayan pecado y que, por consiguiente, no pueden llegar a entrar en el cielo (Porque realmente al no haber sido bautizados cargan todavía con el pecado original, pobrecitos)
Bien. La reforma establecería que las desdichadas criaturas pasarían a entrar directamente en el reino de los cielos por obra de la Bondad y la Misericordia Divinas.
Todo esto ya lo traía en mente el anterior Papa Juan Pablo II, y por eso encargó la creación de la C.T.I., la cual estuvo dirigida hasta abril pasado por el actual pontífice, Benedicto XVI.
La verdad es que es una cuestión preocupante. De hecho, a mí se me ocurren una serie de preguntas que sin duda ya se habrán planteado los miembros de la comisión:
1) Sobre el cumplimiento de Constitucionalidad.
O lo que es lo mismo... ¿Estamos hablando de una medida que cumple al cien por cien con la Constitución Española? En caso negativo, ¿Habrá que retocar la Magna Carta? ¿Aprovechamos, ya puestos, para rematar los temas de Leonorcita y del Estatut?
2) Sobre el ámbito de afectados por la reforma.
La pregunta es... ¿De qué niños estamos hablando? ¿Solo hablamos de los rubitos y blanquitos? ¿O también se incluye a los negros y a los moros? ¿Y qué pasa si sus padres tienen otras creencias, que para ellos no vale? ¿Y si son hijos de padres que viven en pecado porque no han pasado por el altar? Si los niños no están bautizados, ni han pecado, lo mismo vale para un hijo de papá madrileño que para el hijo de un agricultor angoleño, que incluso para el hijo de un rabino de Jerusalén o, en un alarde de imaginación, para el hijo de un terrorista musulmán ¿no?
3) Sobre el carácter de retroactividad.
Peliaguda cuestión... ¿Y los que ya están en el Limbo? ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los reintegramos en el cielo? ¿Los mantenemos en el Limbo hasta que haya plazas? ¿No se enfadaran? La verdad es que a mí personalmente me jodería mucho haberme pasado doscientos años haciendo el capullo en el Limbo, y que ahora vengan a decirme que podría haber estado en el cielo todo este tiempo. Ea, tócate los cojones.
4) Diferencias entre estado de los afectados
O lo que es lo mismo... ¿Por qué no se preocupan de los niños cuando todavía viven y no cuando ya han muerto? ¿Por qué esa comisión no se deja de tantas tonterías y se dedica a estudiar como paliar la mortalidad infantil por enfermedades, hambrunas, guerras, etc.?
Y 5) Sobre la autoridad de los jefes católicos.
Es decir, que los jefes de la fe Católica, Apostólica y Romana pueden cambiar las creencias de millones de personas cuando le sale de los cojones ¿no? Si antes los fieles tenían el triste consuelo de que el pobre bebé que moría en la cuna iba a habitar en el Limbo, ahora ya pueden pensar que se va a ir de cabeza al cielo. Qué consuelo para sus padres, ¿eh?
En fin. Con la Iglesia hemos topado. Una vez más.