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Lunes, 21 de agosto de 2006


Carreras de caballos en la playa de Sanlucar de Barrameda

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Este pasado fin de semana se ha celebrado la segunda ronda de carreras de caballos en la playa de Sanlucar de Barrameda. Tengo que confesar que no soy un apasionado de los caballos. Me gusta verlos y tal, como a todo el mundo, pero no me llaman especialmente la atención. Realmente, nunca he montado a caballo, ni me he preocupado mucho por hacerlo.

Pero el hecho de ver una carrera de estos nobles animales en la playa, con el Coto de Doñana como fondo sí que me pareció interesante, así es que allá nos fuimos mi compañera y yo, a ver las carreras. Bueno, y a comer langostinos.

Dimos un paseo hasta Bajo de Guía, y allí nos sentamos en la terraza de un restaurante a comer. Pedimos un cuarto de kilo de langostinos, una paella de marisco para los dos, y media botella de manzanilla de Sanlucar, que para el que no lo sepa es un vino blanco y seco que se debe tomar muy frío.

Los langostinos eran espectaculares en su tamaño y sabor. Y en su precio. En un cuarto de kilo entraron cinco langostinos. Ni uno más, ni uno menos. Teniendo en cuenta que el kilo vale 90 euros, y si las matemáticas no me fallan, resulta que cada langostino vale 4,5 euros, es decir, 750 de las antiguas pesetas. Me parece un importe alto, pero no voy a entrar a valorar aquello de lo que valen y lo que cuestan las cosas, puesto que la calidad de los langostinos de Sanlucar es bien conocida, y degustarlos allí mismo tiene su precio.

No es que me guste mucho hacer publicidad, pero en este caso, y debido a que la paella resultó exquisita, les comento que comimos en el restaurante Casa Juan. Por cierto, la botella de manzanilla de dejó beber fácilmente.

La primera carrera de la tarde empezaba a las 18.40, así es que fuimos dando un paseo hasta el lugar de la meta para ver llegar a los caballos. El ambiente era curioso, ya que a lo largo de unos 1.500 metros de la playa se había colocado una valla de plástico de color naranja que delimitaba la zona más cercana a la orilla. Pero los bañistas ignoraban totalmente esta valla, y se dedicaban a lo suyo, es decir a disfrutar del sol y del mar, como en cualquier playa.

Pero poco antes de la hora del inicio de la primera de las cinco carreras que se celebraron unos miembros de la Guardia Civil recorrieron la arena haciendo que los bañistas se salieran de la zona delimitada por la valla. Entonces la gente abandonó la “pista” saltando la valla y colocando sus toallas y demás parafernalia playera en la “zona de seguridad”.

Las carreras duraban poco, puesto que el recorrido era solamente de unos 1.400 metros, pero la verdad es que era emocionante ver venir a los caballos y sus jinetes todo lo largo de la playa, levantando arena con sus poderosos cascos. El entorno era también espectacular, ya que de fondo se podía admirar la desembocadura del Guadalquivir y al otro lado la playa del Coto de Doñana.

En el lugar donde se encontraba la meta había una caseta de apuestas. Parece ser que éstas se pagaban al triple de lo apostado en caso de que el caballo llegara el primero, pero la verdad es que no nos llegamos a acercar.

Pero si vimos algo realmente curioso; las casas de apuestas en miniatura. Estas estaban fabricadas con una caja de cartón a la que se le había practicado una ventanilla a modo de las casetas de apuestas de verdad. Estas mini-casetas estaban regentadas por niños. En cada una de ellas –y habían bastantes- los pequeños esperaban pacientemente a que alguien apostara a caballo ganador, siendo la recompensa en caso de ganar el doble o el triple de lo apostado (siempre importes muy pequeños). Incluso en algunas de ellas regalaban caramelos y regaliz a los apostantes.


Así es que vimos cuatro de las cinco carreras. La última empezaba a las nueve de la noche, y decidimos que ya habíamos visto bastante. Parece ser que no fuimos los únicos que pensamos así, ya que tanto la salida de la playa andando como la salida de Sanlucar en coche fueron a ritmo de atasco.

En definitiva, una excursión que merece la pena. Las carreras, que son las más antiguas de España, se celebran siempre en agosto, en dos fines de semana separados por uno. El motivo de este caprichoso calendario no es otro que aprovechar la marea baja.


Escrito por Aboreh El 08/21 a las 12:38
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